El concepto de vulnerabilidad social
El concepto de vulnerabilidad social, tiene dos componentes explicativos. Por una parte la inseguridad y la indenfensión que experimentan las comunidades, familias e individuos, en sus condiciones de vida a consecuencia por el impacto provocado por algún tipo de evento económico-social, de caracter traumático. Por otra parte el manejo de recursos y las estrategias, que utilizan las comunidases, familias y personas para enfrentar los efectos de ese evento.
Esta conceptualización tiene su origen en dos vertientes. Por una parte, en los estudios sobre desastres naturales, los que suelen evaluar los riesgos de comunidades y familias ante fenómenos catastróficos y diseñan estrategias para hacerles frente.
La insatisfacción analítica con los enfoques de pobreza y sus métodos de medición ha extendido los estudios de vulnerabilidad. Señalan que el concepto de pobreza, al expresar una condición de necesidad resultante sólo de la insuficiencia de ingresos, se encuentra limitado para comprender el multifacético mundo de los desamparados. En cambio, el enfoque de vulnerabilidad al dar cuenta de la “indefensión, inseguridad, exposición a riesgos, shocks y estrés” (Chambers, 1989), provocados por eventos socioeconómicos extremos entrega una visión más integral sobre las condiciones de vida de los pobres y, al mismo tiempo, considera la disponibilidad de recursos y las estrategias de las propias familias para enfrentar los impactos que las afectan.
Esta conceptualización tiene su origen en dos vertientes. Por una parte, en los estudios sobre desastres naturales, los que suelen evaluar los riesgos de comunidades y familias ante fenómenos catastróficos y diseñan estrategias para hacerles frente.
La insatisfacción analítica con los enfoques de pobreza y sus métodos de medición ha extendido los estudios de vulnerabilidad. Señalan que el concepto de pobreza, al expresar una condición de necesidad resultante sólo de la insuficiencia de ingresos, se encuentra limitado para comprender el multifacético mundo de los desamparados. En cambio, el enfoque de vulnerabilidad al dar cuenta de la “indefensión, inseguridad, exposición a riesgos, shocks y estrés” (Chambers, 1989), provocados por eventos socioeconómicos extremos entrega una visión más integral sobre las condiciones de vida de los pobres y, al mismo tiempo, considera la disponibilidad de recursos y las estrategias de las propias familias para enfrentar los impactos que las afectan.
INTRODUCCIÓN
La pobreza en sus distintas formas ha
sido objeto de un interés creciente por parte de la comunidad
internacional. Se han celebrado diversas cumbres en
las que se han adoptado compromisos para una reducción drástica de la
miseria que tantos seres humanos padecen a lo largo de sus vidas. Este
interés constituye en sí mismo un avance alentador, pero el progreso
actual sigue siendo dolorosamente lento, pese a que las medidas para
mejorar los medios de subsistencia de los pobres son asequibles. El
hambre y la inseguridad alimentaria -los aspectos más graves de la
pobreza extrema- han pasado a ser prioridades internacionales, y los
participantes en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996
declararon solemnemente su compromiso de reducir a la mitad para 2015 el
hambre en el mundo.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)
y el Programa Mundial de Alimentos (PMA),son las tres organizaciones de
las Naciones Unidas con sede en Roma que se ocupan de la alimentación,
la agricultura y el desarrollo rural.
El hambre generalizado es un obstáculo para el crecimiento global y
para las actividades tendentes a reducir la pobreza. Por otra parte, se
hace hincapié en que para reducir la pobreza, el hambre y la inseguridad
alimentaria es fundamental movilizar recursos y emplearlos
cuidadosamente a fin de lograr la máxima efectividad.
La pobreza extrema sigue siendo un problema alarmante en las regiones en desarrollo del mundo, el número de personas que viven en condiciones de extrema pobreza ha aumentado.
El hambre y la malnutrición generalizadas en un mundo donde abundan los
alimentos implican que la pobreza extrema es la causa principal de la
desnutrición. Sin embargo, no siempre se comprende que el hambre y la
malnutrición (incluidas las carencias de micronutrientes) son a su vez
importantes causas de la pobreza, ya que afectan de diversas maneras a la capacidad de los individuos para escapar a
la pobreza.
Por ejemplo:
- Reducen en quienes las padecen la capacidad para desarrollar una actividad física y, por tanto, disminuyen su potencial productivo en el trabajo, que suele ser su único bien.
- Menoscaban la capacidad de las personas para desarrollarse físicamente y mentalmente, retrasan el crecimiento infantil, reducen la capacidad cognitiva y limitan considerablemente la asistencia a la escuela y el rendimiento escolar, comprometiendo la eficacia de las inversiones en educación.
- Provocan graves perjuicios a largo plazo para la salud, vinculados a unos índices más altos de enfermedad y muerte prematura.
- Se transmiten de una generación a otra: las madres que padecen hambre dan a luz niños con insuficiencia ponderal, que empiezan a vivir con desventaja.
- Contribuyen a la inestabilidad social y política, que mina aún más la capacidad del gobierno para reducir la pobreza.
Por lo tanto, existe la posibilidad de que las personas que padecen
subnutrición crónica se vean atrapados en el círculo vicioso del hambre:
productividad baja, pobreza crónica, hambre.
Hambre y conflictos:
Actualmente la mayoría de los conflictos armados y los desastres
naturales se concentran en regiones sumamente dependientes de la
agricultura y en países con un porcentaje elevado de hogares con
inseguridad alimentaria, que la FAO clasifica como "Países de Bajos Ingresos y con Déficit de Alimentos" (PBIDA).
Asimismo, las repercusiones de las distintas crisis serán aún mayores
cuando afecten a una población ya vulnerable y debilitada por la
inseguridad alimentaria. Las personas que viven en países pobres que
padecen inseguridad alimentaria tienen más probabilidades de fallecer
como consecuencia de un desastre natural que aquéllas que han
desarrollado unas estrategias mejores para hacer frente a éstos y
protegerse a sí mismas. A menudo las situaciones de crisis crean las
condiciones para que las carencias básicas de micronutrientes se
conviertan en brotes importantes de enfermedades como pelagra,
escorbuto, etc.
La falta de recursos suficientes para erradicar el hambre continuará
poniendo en peligro la vida de muchos grupos vulnerables y será uno de
los elementos que han de contribuir al recrudecimiento de las
emergencias.
La necesidad de socorro continuará existiendo mientras las personas
vulnerables no tengan acceso a unos alimentos adecuados y a
oportunidades económicas lucrativas. La inversión oportuna en alimentos,
agricultura y desarrollo rural puede contribuir a interrumpir el
círculo vicioso del hambre y los conflictos.
La discusión precedente demuestra que mitigar el hambre permite a
quienes la padecían desarrollar cabalmente sus capacidades físicas y
mentales, aumenta su productividad y facilita su plena participación en
el proceso de desarrollo. Por tanto, la reducción del hambre debería
considerarse una inversión productiva además de una imperiosa obligación
moral. Unas políticas bien concebidas que aborden la cuestión del
hambre de modo directo y oportuno pueden acabar con la "trampa del
hambre".
POBREZA, AGRICULTURA Y DESARROLLO RURAL
El aspecto rural de la pobreza y el hambre y la función de la agricultura.
La lentitud con que se reducen la pobreza y el hambre indica la
necesidad urgente de estrategias orientadas de manera más específica a
las zonas en las que viven las personas pobres y las actividades de las
que dependen para sobrevivir. Una estrategia eficaz para mitigar la
pobreza y el hambre en los países en desarrollo debe comenzar por
reconocer que dichos fenómenos son fundamentalmente rurales y que la
agricultura constituye el núcleo central del sustento de las personas
que viven en un medio rural.
En la actualidad, el 75 por ciento de la población pobre de los países
en desarrollo vive en las zonas rurales. En 2020, cuando según las
previsiones la mayoría de la población mundial vivirá en zonas urbanas,
el 60 por ciento de la pobreza continuará siendo pobreza rural. Además,
el declive de las zonas rurales es una de las causas principales de la
urbanización prematura y de la pobreza en las ciudades. Existen diversos
argumentos que respaldan la adopción de un enfoque rural para un
proceso de desarrollo que busque reducir la pobreza (FIDA, Informe sobre
la pobreza rural):
La agricultura constituye la principal fuerza motriz de la economía
rural, y en los países en desarrollo sin recursos minerales de
importancia representa a menudo la totalidad de la economía. La
dependencia de la agricultura para el crecimiento económico y la
obtención de ganancias de exportación aumenta con la prevalencia del
hambre, y lo mismo ocurre con el porcentaje de personas que dependen de
la economía rural para sobrevivir.
La importancia del crecimiento agrícola y rural para la mitigación de la pobreza: indicaciones concretas
- El crecimiento de los sectores primario y terciario reduce la pobreza, mientras que el del sector secundario no la afecta en medida importante.
- El crecimiento de las zonas rurales reduce la pobreza en éstas y en las zonas urbanas, mientras que el crecimiento urbano sólo mitiga la pobreza en las zonas urbanas.
- El crecimiento de la producción de las pequeñas explotaciones agrícolas reduce el número de personas pobres y alivia la gravedad de su situación: el consumo de las personas más pobres puede aumentar.
- En los países en los que los desequilibrios de los ingresos son pequeños, el incremento de la productividad laboral agrícola tiene continuamente un impacto más grande sobre ingresos que otros sectores.
La erradicación del hambre es uno de los aspectos fundamentales del mandato de la FAO. La consecución del objetivo de reducir a la mitad del número de personas subnutridas para el año 2015 requerirá un esfuerzo enérgico, concertado y suficientemente financiado de todas las partes interesadas y en condiciones de contribuir a reducir el hambre y la pobreza mediante el desarrollo agrícola y rural sostenible. A nivel internacional, los principales protagonistas son el sistema de las Naciones Unidas y las instituciones internacionales de financiación.
La lentitud con que se reducen la pobreza y el hambre indica la
necesidad urgente de estrategias orientadas de manera más específica a
las zonas en las que viven las personas pobres y las actividades de las
que dependen para sobrevivir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario