La seguridad alimentaria constituye en principio, un impulso casi instintivo de los grupos humanos por asegurar su sobrevivencia frente a la escasez. Las expectativas inciertas de la relación producción-disponibilidad, representa un factor de primer orden a partir del cual se conforman las reservas alimentarias necesarias para conservar el equilibrio social, puesto en peligro por una carencia no prevista de alimentos.
La seguridad alimentaria como componente nacional se sustenta en que los desequilibrios internos han sobrepasado sus límites tradicionales, ya no abarca sólo a los espacios rurales más empobrecidos, sino también, en grado creciente, a los urbanos, y esto provoca tensiones de mayor explosividad al tratarse de una población más concentrada, politizada e informada que reclama mejores condiciones en su alimentación. Estos componentes no cuentan con suficientes controles internos y no pueden revertirse bajo un esquema de mercados abiertos, por ello, se encaminan a una situación de vulnerabilidad para la economía interna, los grupos sociales más débiles y a la ubicación territorial.
En México, la seguridad alimentaria presenta, a nivel regional, diferentes magnitudes, por lo que se requiere un primer diagnóstico a nivel estatal para calcular el tamaño de la población que padece problemas alimentarios agudos, es más propensa a la escasez y que conforma puntos de riesgo en el tiempo. Esto permitirá ubicar a las regiones con mayor conflicto en este renglón, para ayudar a definir acciones prioritarias de atención, con una base real de cobertura en población y territorio.
Sin embargo, el bajo nivel de la disponibilidad de algunas entidades, calculado por su escasa oferta interna inferida, aparece superado en la medida que los eficientes sistemas de mercado y abasto agroalimentario de hoy optimizan las formas de intercambio y acceso regional, tanto de productos agropecuarios como de alimentos procesados, garantizando las formas de complementación necesarias para no generar problemas graves de escasez y/o abastecimiento en las diversas localidades rurales y urbanas del país. La seguridad alimentaria, vista en función de la capacidad de producción de las regiones, presenta, en teoría, mayores posibilidades en zonas y localidades rurales donde la población ha dependido de las actividades agropecuarias para garantizar su propia alimentación por la vía del autoconsumo y/o de los ingresos que dicha actividad le reditúa para satisfacer su demanda de alimentos.
Para complementar el diagnóstico, se utilizan indicadores de nutrición donde se expresa la capacidad de consumo de las regiones, que se comparan con la distribución de proteínas y calorías consumidas, con la finalidad de obtener una fotografía de las condiciones de inseguridad alimentaria y para ubicar a las regiones más críticas que tendrían prioridad en cuanto a la atención de los distintos problemas ligados a su seguridad alimentaria.
La seguridad alimentaria se da cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable.